El futuro roble, madre y padre de todos

A todos los agricultores naturales y aspirantes a habitantes naturales y conscientes del mundo que puedan leer este comunicado. Desearía expresaros, desde la asociación A.N.E., que ha llegado el momento de coger fuerza y mostrarnos a nosotros mismos y
a todo el estrecho ámbito que ahora nos rodea, lo que llevamos reflexionando y
practicando, desde hace ya más de tres años.

La Naturaleza ahora ha hablado, Ella sólo nos está mostrando lo que nosotros mismos
hemos creado con nuestros pensamientos y acciones. Hemos destruido nuestras
tierras, gran parte de nuestros bosques, ríos, montañas, llanuras, etc., hemos
fabricado, sin cesar, un montón de cosas inútiles, hemos construido enormes ciudades de cemento y asfalto que ahora son nuestras propias cárceles, nos hemos atiborrado de alimentos y medicinas fabricados artificialmente, hemos abusado y maltratado sin escrúpulos, a los otros seres sensibles de esta tierra, hemos llenado el aire, el agua y todos los demás elementos de la vida, de contaminación de todo tipo, y así un largo etc. No hay que pensar mucho para entender que, lo que tenemos ahora, no es más que es la consecuencia de todo ello. Sin embargo, la naturaleza humana es sensible también y podemos cambiar todo esto desde este mismo momento.

Todos nuestras sensibilidades y pensamientos reflejan actos, y éstos a su vez nuevos pensamientos y sensibilidades. Todo ello configura el reflejo de la realidad que
vivimos. Es la ley natural inconmensurable de causa y resultado. Sólo tenemos que empezar a sentir y pensar de una manera más consciente y positiva, para que todo de un vuelco y cambie en positivo. Mientras algunas gentes trabajan por mantener el sistema y el alimento, este tiempo es, para una gran mayoría, una oportunidad
maravillosa de aprovechar ese tiempo, por fin, para reflexionar e ilustrarnos adecuadamente.

Con toda la fuerza que estamos dando a ese virus, estamos provocando que viva aún más en nosotros. No podemos negar que exista, pues ahí está, como tantos y tantos otros virus que existen y que han existido siempre en la Naturaleza, pero, sobre todo, hay que poner la mirada en los que hemos creado nosotros también: la contaminación
electromagnética, los pensamientos destructivos y alarmantes, etc., son virus muy peligrosos. Este retiro forzoso, es un momento muy propicio para empezar a cambiar nuestra predisposición mental; con sólo dejar de hablar en ese “virus”, de fomentarlo,
de pensar y sentirnos en él, a buen seguro, por su propia naturaleza, siendo él natural, que no irá a más, que será un virus más, sin originar grandes estragos. La humanidad cogerá sus defensas con alegría y volveremos a vivir y a morir aceptando la ley de la vida natural, que hace y deshace con el misterio que conlleva y gracias a nuestros
pensamientos y acciones.

Por lo demás, todos aquellos agricultores naturales que trabajaron su suerte, ahora pueden seguir plantando y cosechando, aprendiendo y observando con calma y atención la gran maravilla que la Naturaleza nos ofrece cuando se la trata bien, para dar puertas abiertas a un futuro cercano, donde las gentes comenzarán a valorar lo que es realmente importante en esta vida y lo que necesitamos hacer, con imperiosa prioridad.

En la foto que acompaña el presente artículo, os muestro un pequeño recodo de mi bosque Natural de alimentos, de absoluto climax natural y en perfecta convivencia
humana. Cuando llegué aquí, hace como unos 20 años, sólo había, en este sitio, unos pocos almendros. A unos pocos metros de algunos de estos almendros, coloqué un

roblecito pequeño y cuidaron de él. Ese roble es hoy, asombrosamente, un adulto de enormes extensiones que se hermanó maravillosamente con los frutales y otras
arboledas cercanas que compuse, y se irguió por encima de ellos, sus madres-padres, manifestándose también madre y padre, y mostrando un esplendoroso conjunto de vida. Hubo años en los que planté brócolis, cebollas, habas y otras hortalizas, y coseché preciosamente de ellas, pero determiné dejarlas a su suerte. Hoy, sin cuidado
alguno, las cebollas se asilvestraron, dejando rastros, año tras año, de sutiles liliáceas,
cebolletas y cebollitas deliciosas. También crecen habas espontáneamente cada año, pero, lo más interesante, es el hermoso manto de collejas riquísimas, que vinieron por
ellas mismas, y que inundan el espacio cada final de invierno, por debajo de una gran mata de Vinca pervinca, de flores violetas medicinales preciosas. Este ambiente es
perfecto para la sola recolección.

Es hora de que nos preguntemos que mundo estamos dejando a generaciones
futuras; ya es hora que demos a nuestros hijos lo que, en verdad se merecen, pues
ellos, un día, si se lo permitimos, representarán ese roble enorme que estará por encima de sus propias madres y padres, porque ellos serán esos padres y esas madres.

Por un nuevo mundo, más feliz, más natural y más consciente. Un gran abrazo.

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