La biodiversidad, unidad de vida en la Agricultura Natural

En algunos espacios de mi bosque Natural de alimentos (bNa) la biodiversidad es muy alta, alcanzando veinte especies diferentes de árboles y más de cincuenta especies de otras plantas arbustos y más pequeñas, en superficies que ocupan no más de ciento treinta metros cuadrados.

Es este un caso específico de una zona en concreto, donde la concentración en variabilidad es casi máxima y la preponderancia se encuentra en lo silvestre. Sin embargo, cuando se pondera sobre el 50% combinado entre silvestres y frutales, de forma general, en una parcela completa de A.N., hay una fuerza segura de auto-mantenimiento. En todas las zonas particulares deben mantenerse las fuerzas necesarias para sí mismas, así como para la predisposición a la conexión con otros centros. Cada centro conserva su propia característica, más alimentario que silvestre, por ejemplo, o más autóctono que exótico, o al revés. Lo importante no es cuál clase es la condición particular de cada centro, eso depende mucho de las características propias del humano que ayudó a conjugarlo, sino la capacidad y el potencial para conservar su natural predisposición y su conexión con los demás centros. Y la clave se encuentra en la disposición de lo silvestre -que siempre debe denotar más fuerza en lo autóctono- y que representa, precisamente, el dejar hacer a la Naturaleza.

Un centro determinado expresa su dinámica particular y esto siempre podría ser tendente a ser invasivo, o demasiado expansivo, cuando coge su fuerza propia, sin embargo, esa dinámica se templa por sí misma, cuando existen otros centros que gozan de la misma fuerza, y no hablamos de fuerza en el sentido de capacidad de expansión, o de competencias de

expansiones, sino de la capacidad de ser lo que son y de poderse comunicar con los otros centros.

Al final, la variabilidad de cada centro coge su propia dinámica, pero, como ya dije, lo que nos interesa también, es la visión global de lo que sucede con todos los centros cuando están conectados. La resulta es un ente vivo formado de células hermanas, que se expresa en imagen y semejanza, tanto en lo amplio como en lo pequeño. Recordamos que, con el respeto
y conocimiento profundo del “no hacer” -el quinto principio de la Agricultura Natural (AN)-, todo aquello surgió desde adentro, desde el más pequeño acontecimiento, y se expandió hacia afuera para abarcar lo más amplio, por la inercia de su propia condición.

Esa intención “desde adentro hacia afuera”, del sexto principio de la AN, que sucedió en esa insignificante estancia, fue, precisamente, lo que le dio la vida. El sentido de lo expansivo, no es la cualidad de la cosa que se expresa, sino la capacidad de ser algo dentro de la unión con todo, que es la misma vida. Es por esa razón, que, en el lenguaje de la AN, se diga que el
cultivo de la tierra es el cultivo de la Vida Natural y Consciente, pues Naturaleza y Humano comparten la misma “alta” idiosincrasia, de la misma manera que un abedul puede compartir y unificar su “alta” vida con la de un almendro.

Un bNa de un humano, o un grupo de humano, debería estar conectado con otro humano u otro grupo de seres humanos. Eso daría lugar a un bNa local que conformaría una unidad. Esa unidad debería estar conectada con otras unidades locales, y así sucesivamente hasta abarcar la totalidad del mundo humano natural y consciente.

Es muy difícil de predecir con exactitud lo que podría pasar en el planeta -solo nos pertenece el presente-, si todos los espacios de hoy que están dedicados a la agricultura, fueran bosques Naturales de alimentos; pero, a buen seguro y con pocas posibilidades de error, podemos afirmar, que sería un planeta limpio y respetuoso, donde existiría la más elevada convivencia múltiple. Permítame el lector que exprese en este presente, aunque sea someramente y con el beneficio de la confianza de ustedes, los más altos designios de convivencia que he vislumbrado en mi propio bNa. Es un pequeño acontecer, insignificante dentro del extenso mundo, sin embargo, permanece latente, esperando a ser una célula más de la gran unidad de la vida.

En la primera imagen, me encuentro entrando en uno de los centros mencionados de bNa, muy avanzado en madurez. Allá adentro, el otoño profundo marca su pauta con su expresión infinita, que llama al reposo y al aire, con las ramas casi deshojadas, escondiendo múltiples mensajes imposibles de captar con una cámara. He aquí sólo dos pequeñas pinceladas…

Nota: Estas son las especies de árboles de este centro: almendro, kaki, arce japonés (3subespecies), fresno, alcornoque, liquidámbar, abedul, cerezo, ciprés común, pino limonero, pino carrasco, pino eldárica, peral (2 subespecies), laurel, bambú (2 subespecies), tuya esmeralda y enebro chino. -Este es un centro donde domina lo silvestre, porque lo he partido simbólicamente, pero, en todas sus partes, está conectado con otros centros de características diferentes, donde podemos considerar otro tipo de particiones simbólicas también. Así, por el este, por ejemplo, dominan los autóctonos, con azufaifo, azarolo, etc., por el sur los Quercus con madroños, manzanos, durillos, etc., por el oeste dominan frutales, como naranjos,
granados, olivos, etc.-

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