Girasoles

Recuerdo que en mis tiempos más creativos, cuando una idea o pensamiento cruzaba mi mente, mi corazón emanaba una paz inmensa. Recuerdo, en mis tiempos de estudios intensos de filosofía, quedaba en la noche dormido con una paz que albergaba un maravilloso mundo de luces interiores atravesando todo el firmamento. Recuerdo, que cuando meditaba en la concentración más suprema, largos espacios de pensamientos profundos y lúcidos recorrían cada rincón de lo percibido. Recuerdo la magestuosa paz y felicidad que sentía cuando descubría la Naturaleza, en mi día a día campestre, y encontraba en ella multitud de razones para luchar por ella, vivir con ella y no dejarla nunca. Recuerdo, que cada vez que tuve una desgracia, o un conflicto, o un mal pensamiento, mis árboles, mis plantas, verduras y frutos me acurrucaban en su seno y me contaban historias a través de mis propios pensamientos. 

Entonces, la poesía emanaba por cada poro, una poesía entrelazada de frutos comestibles, de pensamientos hermosos y llenos de ternura. Palabras convertidas en gestos delicados que enriquecían cada labor, cada tacto, cada olor. No hay mayor felicidad para un agricultor que tener la libertad de poder sentir y pensar con la Naturaleza, y hacer glorificar las más grandes maravillas, con el tiento sencillo, dulce y amoroso del magnánimo pensamiento. Hermosa la comprensión del buen hacer materializado con esos guiños Naturales que enaltecen la Consciencia y dan el mayor sentido a la existencia en este mundo.

Entre los amantes de la Naturaleza –y más allá de ellos- existe un rechazo, casi visceral, a todo pensamiento complejo y un amor pasional por todo lo simple. Hay una espaciosa comunión con el sentimiento tribal de lo utilitario y primario, en busca de ese amor primitivo perdido, en busca del sexto sentido consensuado con los cinco, olvidados todos y carentes de toda razón. Bienvenida seas, entonces, primigenia sensibilidad, que armas con tu intuición el gran poder, mas no habrá paz ni concordia en este mundo, ni podremos disfrutar de una vida verdaderamente en equilibrio con la Naturaleza, ni conseguiremos el gran sentido de la Consciencia universal, hasta que los seres humanos no hayamos conseguido equilibrar y hermanarlo todo con nuestro pensamiento y alcancemos la profunda comprensión de toda la complejidad del universo múltiple. Entonces es posible que podamos percibir la verdadera esencia de lo simple.

Estos pequeños girasoles que fotografié hace unos días ya son el doble de altas, y crecen en avenencia con tomates, caléndulas, kales, brócolis, altramuces y otras plantas. Todas ellas vegetales tuve que pensarlas y sentirlas desde el primer momento que coseché, o palpé o planté sus semillas; a todas ellas les debo agradecer, cuando aparece y la vida me deja, la paz regalada de mi más profundo pensamiento, o mis más profundas sensibilidades. Gracias Naturaleza vegetal.

Juan Benítez Jamchen

 
 
 
 
 
 
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *